Elvira Villasmil cambió su vida por completo cuando regresó de Colombia a Maracaibo para cuidar a su madre y a sus dos tías. Desde entonces, dedica las 24 horas del día a atenderlas, sin ingresos económicos ni una red familiar que la respalde.
Su madre, Elvia, de 76 años, y su tía Alba, de 74, recibieron diagnósticos de trastorno neurocognitivo no especificado, asociado a la demencia, en el Hospital Psiquiátrico de Maracaibo. Su otra tía, Yoalis, de 63 años, presenta discapacidad intelectual, dificultades para caminar e incontinencia.
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“Mis días aquí en casa yo los vivo entre ilusiones y alucinaciones. Ven cosas que no existen, hay confusión, pérdida de memoria”, relata Elvira, cuya rutina transcurre entre la preparación de alimentos, el aseo, los medicamentos y las consultas médicas.
Una carga económica que supera los 900 dólares
La alimentación representa una de sus mayores preocupaciones. Por recomendación médica, Elvira mantiene una dieta que permita conservar la masa muscular de sus familiares, lo que exige una inversión constante en huevos y proteínas como pollo, carne y sardinas.
“Un cartón costaba 8.5 dólares, hoy baja a 5.5 o sube a 7. Es inconstante. Pero además hay que comprar la proteína del almuerzo: sardinas, carne roja, pollo. Por su condición de vejez necesitan alimentos que las nutran de verdad”, explicó al portal de noticias Digital 58.
El presupuesto mensual para cubrir estas necesidades supera los 900 dólares, una cantidad que Elvira no puede generar mientras permanece al cuidado permanente de sus familiares.
El pasado 13 de mayo, decidió pedir ayuda a través de las redes sociales. Algunas personas le donaron un colchón, una bomba de agua, un aire acondicionado y un congelador. Sin embargo, la crisis continúa y las necesidades aumentan.

Una vivienda en deterioro y el miedo a los apagones
La casa donde viven también requiere reparaciones. Los techos presentan perforaciones y las lluvias inundan el cuarto y el baño de una de sus tías, lo que incrementa el riesgo de caídas.
A esta situación se suman las ramas de árboles que amenazan el techo, la maleza y las plagas de zancudos. Los cortes eléctricos agravan aún más las condiciones dentro de la vivienda.
“Se ahogan del calor, la sensación es terrible”, lamenta Elvira, quien necesita una estación de energía para mantener al menos tres ventiladores encendidos durante los apagones.
Ante el riesgo de que su madre vuelva a salir sola de la vivienda, luego de que ocurriera en dos oportunidades, Elvira también creó las “Medallas de fe y cuidado”, un emprendimiento inspirado en la devoción católica de su madre.
Las medallas incluyen imágenes religiosas y, en el reverso, el nombre del paciente y el número telefónico del cuidador. Con su venta, espera obtener recursos para cubrir alimentos, traslados y otras necesidades de sus familiares.
Mientras busca recuperar la posibilidad de trabajar y generar ingresos, Elvira mantiene su llamado a la solidaridad. Las personas interesadas en colaborar pueden contactarla a través de su página web, elviravillasmil.com, y su cuenta de Instagram @elviravillasmil, ya sea mediante apoyo económico, donaciones de alimentos o servicios que ayuden a mejorar las condiciones de la vivienda.

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